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06.12. 2013

Mandela y su pueblo (1949 – 1999)

Mandela saluda. Por ©Shaun Curry. AFP.

Por Ángel Alfaro Arriola. Profesor experto en África.

Encadenado, me has hecho conocer la libertad.
Reducido al silencio, me has enseñado a hablar.
 Jennifer Davis 

En 1979 Mandela llevaba ya 16 años en prisión. El gobierno impedía la difusión de sus fotos o declaraciones. Kruger, ministro de Justicia afirma con satisfacción: ”Ya nadie se acuerda del nombre de Mandela”. Un periódico de Johannesburgo  preguntó a sus lectores quién era su líder favorito. La redacción recibió 86.000 boletines de respuesta. Todos llevaban escrito el mismo nombre: Mandela.  Se manifestaba así una profunda simbiosis líderes-pueblo creada con  confianza mutua y trabajo. En 1949, Mandela, Tambo y Sisulu habían lanzado un cambio radical en el ANC, apoyándose en su Liga Juvenil.

Conocían bien los barrios negros y creían en la unión de todos los africanos, sin distinción de clase social o raza

Con su Campaña  de desafío a las leyes segregacionistas consiguieron que por primera vez una iniciativa del ANC desencadenase el entusiasmo de la calle. En Sharpeville, marzo 1960, la policía dispara contra una manifestación: 67 muertos, 178 heridos. El gobierno ilegaliza al ANC y al PAC. Mandela entra en la clandestinidad. Llevará el peso de la organización. Visita  distintos países del África independiente y funda el MK, la rama armada del Congreso.

 “Siempre hemos actuado dentro de la resistencia pasiva. Vosotros usáis armas y matáis a personas indefensas e inocentes. Tenemos que defendernos. Vosotros lo habéis querido

El ANC abandona toda esperanza de diálogo con el gobierno del Partido Nacional. El conflicto ha llegado a su punto culminante. Las represalias del régimen afectaron a las dos organizaciones, pero el PAC fue el más tocado. No pudo mantener, ni en el exilio ni en la clandestinidad, la infraestructura que facilitó al ANC su larga travesía del desierto. Esta infraestructura descansaba sobre un buen equipo de dirigentes.

En un contexto de clandestinidad la comunicación con las masas perdía su peso relativo. Era esencial disponer de personajes míticos capaces de convertirse en héroes,  sin tener que aparecer por los barrios negros, de llegar a alcanzar una dimensión semi-divina. A partir de 1960 había que apoyarse en líderes como Nelson Mandela. La plana mayor del ANC fue detenida en una granja del barrio de Rivonia. Serán acusados de sabotaje y alta traición. El proceso, 1964, confirmó la imagen de hombre fuerte de Mandela y su ascendiente dentro del ANC, a pesar de que marcará su desaparición física de la escena política. Con su porte digno y valiente  hizo, en nombre de todos los acusados, una declaración final  que dio la vuelta al mundo:

“Yo he cultivado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todos puedan vivir en armonía con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero conseguir  y disfrutar. Pero si fuese necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.”

“He cumplido mi deber para con mi pueblo y Sudáfrica. No tengo la menor duda sobre la confirmación de mi inocencia por la posteridad, y los criminales susceptibles de ser presentados ante este tribunal son los miembros del gobierno.”

A partir de su encarcelamiento, Mandela será una bandera y un símbolo más que un actor de la vida política. La comunicación con el ANC clandestino o con los del exilio era prácticamente imposible.
Su larga permanencia en la prisión de Robben Island nos dio la medida de la fortaleza física y mental del líder. Se adaptó bien a su ostracismo. Animó a sus compañeros para organizar la Universidad Mandela: cursos de formación con objetivos concretos.
Y siempre hablar, debatir, consensuar, presentar reclamaciones, mantener el temple a pesar de la dureza física y mental del régimen carcelario.
Los textos, secretos, pasaban de mano en mano y  serían publicados por Mbeki años más tarde.
Otros hombres y mujeres del ANC tomaban el relevo en la lucha de los barrios y empresas, en la propaganda en el exilio. A la larga, este segundo campo será decisivo para la victoria final. Tambo y Mbeki, hijo, serían los dos designados para esta misión. Mantenían la tensión informativa en todos los países, especialmente en el mundo anglosajón y en el ruso.

Es obligado reconocer que a veces se pasan por alto los años, la tenacidad y el permanente esfuerzo que hicieron posible la presencia del tema Sudáfrica–Mandela en la conciencia mundial. Más teniendo en cuenta que corrían malos vientos para personas y grupos presentados por el régimen como comunistas. Eran años de guerra fría. El apartheid de Sudáfrica era la “defensa del mundo libre” en una zona vital de África: Angola, Mozambique, Zimbabue, Sudáfrica, Namibia…
Tardó en llegar el cambio de viento: al fin en 1974 Sudáfrica fue excluida de la ONU, pero su ejército seguiría combatiendo en Mozambique en 1982. Y hasta 1985 llegó su presencia activa en las “ciudades” negras agitadas por la campaña del ANC para hacerlas ingobernables.

Stencil urbano de Mandela Se va cerrando el boicot  internacional, comercial, deportivo, cultural contra el apartheid. La economía está al borde del abismo. Un grupo de altos patrones blancos se reúnen en Zambia con representantes del ANC. Comienza la negociación De Klerk– Mandela para preparar la Sudáfrica del futuro.
El ANC esperaba conquistar el poder político y con él el económico, tal como había sucedido con los blancos durante el apartheid. Así podrían cambiar el nivel y la calidad de vida de su pueblo. Tras la negociación, Mandela y los negros tendrán el poder político, pero no tienen casi poder económico. Difícilmente podrán realizar su proyecto en corto plazo. Sudáfrica será un país abierto con una Constitución nueva, con plena democracia y elecciones. Habrá un nuevo ejército y una nueva policía, mucho más reducidos, en los que se integrarán los ex-guerrilleros del MK. No hay una amnistía general, pero se inicia un proceso de Verdad y Reconciliación. Mediante la confesión y el arrepentimiento de los crímenes cometidos, se alcanzará una catarsis  y una integración del nuevo país. En las conversaciones con el presidente De Klerk y sus ministros, Mandela  demostró una capacidad de convencer totalmente extraordinaria, junto con una exquisita amabilidad y comprensión de la mentalidad y la situación del interlocutor. Los diálogos se mantuvieron en un nivel cordial, dentro de la defensa de las diferentes opiniones.

El 11 de febrero de 1990 Nelson Mandela salió en libertad. Le recibió en triunfo su pueblo. Empezaba la vida tal como era y no resultaba de color rosa: el partido zulú, Inkhata, extrema su violencia. Hay cientos de muertos. Los extremistas blancos  asesinan a Chris Hani, ex-jefe de la rama armada del ANC. La campaña electoral es sangrienta en algunas zonas. Mandela va tomándole el pulso a su nueva situación, resolviendo con prudencia y mano firme los problemas que surgen. En abril 1994, su triunfo es total en las primeras elecciones, el ANC consigue un 62,65% de los votos, mayoría absoluta, 252 diputados. Los resultados serán superados en los siguientes elecciones (1999, 2004, 2009) demostrando una fidelidad total, a pesar del lento avance en el nivel de vida.

Mandela deja la presidencia a Thabo Mbeki, que será elegido también en 1999. El madhiba (el “guía”) es reclamado para mediar en los conflictos de distintos países africanos: Burundi, Costa de Marfil, RD Congo. Los homenajes se suceden. Sudáfrica está encarrilada. El país arco iris se abre paso después de la pesadilla del apartheid. Queda mucho por mejorar: el paro, la delincuencia, el sida, la educación, la corrupción de algunos políticos… Pero la transición pacífica de Sudáfrica es un ejemplo a imitar.

El MADHIBA y su pueblo han mostrado el camino…  

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