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25.09. 2014

Sobre Jean-Marie Teno

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Libertad y experimentación del documental africano

Por Beatriz Leal Riesco.
Artículo publicado en la revista Dar Lugar.

Han pasado treinta años desde aquel día en el que Jean-Marie Teno (Camerún, 1954) decidiese filmar el cortometraje Shubbah. A fecha de 2014, su filmografía es una de las más extensas de África y sus esfuerzos por afianzar el documental africano como medio idóneo de análisis de la realidad social, cultural, económica y política del continente han inspirado a generaciones más jóvenes a volcarse y experimentar en este formato.

Dos acontecimientos parecen haber sido determinantes en la decisión de Jean-Marie de consagrar su vida al cine: el descubrimiento de la película Pousse-pousse (Daniel Kamwa, 1975) y el encuentro con Souleymane Cissé en el Festival panafricain du cinéma et de la télévision de Ouagadougou (FESPACO) en 1983. Teno había crecido en un barrio popular interpretando películas extranjeras para sus amigos y contando historias de la tradición oral local. Pousse-pousse se convirtió en una revelación para el veinteañero y “la inspiración para lanzarme a trabajar con imágenes: era la primera vez que veía una película que trataba problemas sociales básicos usando el humor y la fantasía”. Su pasión por el cine le llevaría a estudiar en Francia, donde se licenciaría en dirección por la Universidad de Valenciennes (1981) y a trabajar durante 15 años como editor del canal de televisión France 3. Involucrado en el mundo editorial parisino, viajaría en 1983 a FESPACO para entrevistar a los directores asistentes. Centro habitual de un hormiguero de periodistas, críticos, discípulos y seguidores, el “padre del cine africano” -el senegalés Sèmbene Ousman (Senegal 1923-2007)- rechazaría en la capital de Burkina Faso la entrevista solicitada por un joven e inexperto Jean-Marie, incidente que desencadenaría el encuentro con Souleymane Cissé (Mali, 1940) y que le insuflaría el valor necesario para contar sus propias historias en la pantalla. El cineasta maliense autor de algunas de las películas más famosas de la historia del cine africano -Den Muso (1975), Finye (1982) y la premiada en Cannes Yeelen (1987)- se vio inmerso en una estimulante conversación que giró en torno a Baara (1978) y a los problemas de difusión, producción y exhibición para los cineastas africanos. Al concluir la charla, preguntaría a Teno: “¿por qué no haces tus propias películas?”. Cissé, adalid en la promoción de una unión panafricana de directores, productores y profesionales cinematográficos para la sostenibilidad del cine del continente, pudo entrever la energía e inteligencia, la crítica y la rigurosidad de los postulados de su interlocutor.

Jean-Marie todavía compaginaría durante años la crítica de cine para la revista Buana Magazine (1985-1997) y el trabajo en televisión con la realización de sus propias películas, pero volvería una y otra vez a las palabras de Cissé para encontrar el empuje necesario que le ha convertido en uno de los narradores audiovisuales más interesantes de África y del panorama cinematográfico mundial.

Desde su primer cortometraje Schubbah (1983) al que seguiría poco después Hommage (1985) y que le traería reconocimiento crítico internacional, Jean-Marie Teno ha dirigido filmes a un ritmo incesante, erigiéndose en uno de los directores más prolíficos del continente. Raro es el año en el que no acude a la llamada de los festivales para presentarnos su última realización. Mientras escribo, Une feuille dans le vent (2013) está empezando su recorrido en el circuito cinematográfico mundial mientras el director prepara otras dos obras.

“Cuando la situación es tan traumática, no puedo simplemente entretener y sentirme satisfecho” (…) “me divierto mucho más haciendo documentales que películas de ficción” – Jean-Marie Teno.

Estas declaraciones nos ponen en la pista de su actitud provocadora, su placer por el oficio del cine y su intención educativa. Una de las máximas que incentivan su trabajo es la búsqueda de una reacción en el público que le lleve a enfrentarse a sus problemas y, eventualmente, tratar de solucionarlos. A pesar del éxito cosechado por su largometraje de ficción Clando (1996), Teno ha preferido volcarse en el documental. Analista avezado de los problemas surgidos en la época colonial, sus consideraciones no huyen de la crítica a la gestión errónea de los líderes y sujetos postcoloniales, como se observa de manera contundente en su documental Chef! (1999), filme sobre el ejercicio del poder tradicional masculino en Camerún, al que seguiría Vacances au pays (2000) -meditación personal en torno al concepto de modernidad y al desarrollo en África- y Le marriage d’Alex (2002), sobre los matrimonio de conveniencia y la poligamia. Lejos de dar lecciones morales, sus películas llaman al espectador a reflexionar, de la mano de una voice-over peculiar que ya es firma de la casa.

Empeñado en dominar el oficio del cine, Teno se dedicaría durante un lustro a los cortometrajes. La película Touki-Bouki (1973) sería parada obligada en la búsqueda de un lenguaje y estilo propios. Al igual que para otros jóvenes cineastas de su generación como Moussa Sene Absa (Senegal, 1958) o Abderrahmane Sissako (Mauritania, 1961), el cine del iconoclasta y vanguardista Djibril Diop Mambety (Senegal, 1945-1998) ofrecía libertad formal y narrativa mientras obligaba a pensar sobre el lenguaje cinematográfico como medio a través del cual lidiar sobre los problemas de sus contemporáneos. Estas enseñanzas las aplicaría Teno cuando dio el salto al largometraje en 1992 con Afrique, je te plumerai; película que inmediatamente se consideró un hito de la historia del documental en África y por la que los críticos más avezados derramarían ríos de tinta.

Sirviéndose del humor y de una narración en apariencia sencilla, Jean-Marie ha salteado en buena parte los obstáculos de la censura conservando su independencia creativa. Gracias a la inteligencia con la que presenta temas sociales complejos de forma crítica, usando una voice-over ordenadora de imágenes de archivo y documentales como una de sus mejores estrategias desestabilizadoras y experimentales, Teno se ha convertido en un director de difícil clasificación para la crítica.

La tiranía de las etiquetas creadas por los especialistas, unidas a una personalidad que no teme la tensión y el conflicto, han hecho de él un director cuyo reconocimiento y valoración ha fluctuado a través de los años. Mientras los críticos especializados en el continente daban sus primeros pasos en los 70, los directores que empleaban el cine como arma de educación y construcción de las naciones independientes, con un mensaje político y crítico claro, y que se centraban en la oposición a las imágenes eurocéntricas y coloniales a través de historias locales y voces autóctonas, fueron alabados. Seguían estos trabajos teóricos la estela de la escuela del realismo social de Sèmbene, los postulados del Tercer Cine y sus pares africanos con sus manifiestos: la Carta de Argelia sobre el cine africano (1975) y el Manifiesto de Niamey (1982). Cuando Teno realiza el primer corto que interesa a la crítica internacional –Hommage, 1985- su análisis de los efectos del período colonial y la llegada de la postcolonialidad en Camerún a través del reencuentro de dos viejos amigos resultará novedosa no por su temática sino por su forma. Su película más íntima hasta la fecha, realizada como homenaje al padre muerto en un inesperado accidente, Hommage encaja en las ansias de experimentación de la crítica occidental, provocando halagos, incluso, de Jean Rouch. Al viajar a Camerún para asistir al funeral de su padre, Teno carga cámara al hombro para rendirle así sus respetos. Por falta de recursos y presupuesto, Teno escribe un irónico y sentido diálogo a raíz de conversaciones con su padre, que superpone a las escenas filmadas y a fotos fijas. El resultado, sincero e íntimo, espera todavía continuación. Con Afrique je te plumerai Teno encontrará su estilo en una narración propia, humorística y reflexiva, que no abandonará. Se convierte, con excepción de la breve incursión en la ficción en 1996 que es Clando, en una marca de estilo.

A las presiones y falta de apoyo del gobierno de Camerún y sus instituciones satélites, así como a la censura e impedimentos puntuales de Francia, el director opone una total libertad de expresión y autogestión.

Con su productora Les Films du Raphia -nombre que se hace eco de su sentido del humor, su pasión por las tradiciones dignas de ser conservadas y del valor del encuentro que se produce ante un vaso de vino-, Teno produce, distribuye y vende sus películas, invirtiendo las ganancias de charlas, exhibición de películas y premios en sus próximas obras.

Toda la filmografía de Teno, en el contexto de producción, exhibición y distribución de un país como Camerún, donde la censura y la violencia hacia los opositores al régimen dictatorial son constantes. En línea con esta tarea de reescribir la historia, el autor rinde tributo en sus películas a periodistas disidentes, a héroes asesinados, a reyes pre-coloniales y a tantas personas corrientes que, al mismo nivel que los anteriores, forman parte de una historia de Camerún que no divide entre colonizadores y colonizados, entre pasado y presente. Afrique je te plumerai (1992) y Le malentendu colonial (2004), sus documentales más conocidos, siguen alzándose hoy día como dos de los mayores testamentos cinematográficos sobre los efectos del colonialismo europeo en África. En toda su obra, a través de sus comentarios, del found-footage, del metraje actual y de testimonios múltiples, el director anima al público a pensar de manera autónoma. “Hago películas para sacudir la apatía del público”, comenta. A ello se viene entregando durante tres décadas, creando un ensayo fílmico de múltiples entregas, inacabado y en construcción, que ha de ser analizado en su totalidad y complejidad. Si así se hace, se obtiene una visión personal y crítica de la historia de Camerún y del continente a partir de uno de sus hijos más ilustres. Sus películas, líricas y provocativas, atacan por igual al sistema de clases, a la corrupción, a la desigualdad de sexos, o a la censura teniendo siempre, como hilo conductor, la necesidad de alcanzar el conocimiento que moverá a reemplazar un sistema ineficaz, injusto e inmoral. Una vida dedicada al cine y una propuesta ética cuyo último capítulo, de manera provisional, es Une feuille dans le vent.

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