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16.05. 2018

África vive y denuncia – Manifiesto

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El Día del Continente Africano se celebra desde el 25 de mayo de 1963. Entonces, 32 líderes de Estados africanos se reunieron en Addis Abeba para formar la Organización de la Unidad Africana. Una fecha muy importante para África porque equivalía a la liberación de África de los viejos países coloniales. Luego, en 2001, la Unión Africana relevó a la OUA.

No se cumplieron la mayoría de las esperanzas y aumentó el foso entre las autoridades estatales y las poblaciones. La mayoría de los líderes institucionales acabaron ligados al neocolonialismo de antiguas y nuevas potencias extranjeras, a las compañías multinacionales y a los dirigentes africanos enriquecidos.

Frente a males como los conflictos armados; el empobrecimiento y la degradación del medio ambiente derivada del cambio climático; los problemas y desigualdades en el acceso  a la salud; el trabajo forzoso que llega a la esclavitud y las violaciones de los derechos humanos y, específicamente los de las mujeres y las niñas por el hecho de ser ellas. Las poblaciones africanas salen adelante por sí mismas día a día, con voluntad de transformación, reconocimiento de sus identidades multiculturales. Con la exigencia de una mejora completa de sus condiciones de vida y de una educación, desde la infancia a las nuevas generaciones, cuyo objetivo sea lograr una sociedad libre de violencia.

A pesar de la apropiación injusta, muchas veces extranjera, de sus tierras y recursos agrícolas, ganaderos, de energía, aguas y pesca; África cuenta con riquezas en los campos, los mercados de pueblos y ciudades, los bosques y las minas y una enorme imaginación y capacidad para desarrollar una economía popular en sus comunidades y cooperativas.

Las dictaduras niegan derechos; desangran a sus sociedades con guerras, bandas de  extremistas y de delincuentes, con uniforme y sin él, repletas de intolerancia y desprecio. Al mismo tiempo, personas, asociaciones y colectivos al margen de los gobiernos, defienden las libertades y proponen alternativas de diálogo y de paz con justicia.

Reivindicamos África de las mujeres, tantas veces olvidadas, excluidas y violadas en todos sus derechos.

Sin embargo, vemos mujeres que luchan contra la desigualdad de género y la mutilación genital femenina; que se expresan como escritoras, músicas, cineastas, empresarias, periodistas, profesoras, parlamentarias, trabajadoras en sus casas y en las ciudades y los campos. Conozcamos sus reinas históricas y a las mujeres sencillas y fuertes en la resistencia de las calles y las tierras. También a las mujeres protagonistas en la educación y  las culturas. Mujeres que rompen su marginación y los tabúes.

África es infancia, también juventud, muchas veces en paro y migrante, pero que se divierte y protesta a través de las músicas y las nuevas tecnologías. África en plural son personas y colectivos que demandan derechos en la diversidad de su piel, sexualidad, lenguas e culturas, perseguidas en no pocas ocasiones.

África existe porque tiene su historia y pensamiento propios, que alimentan el tiempo actual. África trasciende entre dios, la naturaleza, los espíritus y el mundo del pasado, con tradiciones intolerantes y agresivas, pero con otras que respetan a las personas ancianas; renuevan culturas y solucionan disputas.

África exhibe su creatividad, abierta y luminosa en todas las artes, la modas, el deporte y la vida diaria. África brilla en sus colores, tejidos y ropas, con sus símbolos y significados. Son las palabras, los ritmos y las miradas profundas hacia el sol, las tierras; las aguas y las estrellas.

Las personas africanas siempre se han movido de aquí y allá en su continente. Ahora, intentan llegar a Europa por motivos políticos, económicos, familiares o, simplemente a la búsqueda de mejores oportunidades de vida y trabajo.

Cada día se les ponen más obstáculos y barreras. Por las rutas del Sahel transitan el bandidaje armado; las redes de esclavitud y la trata creadas por redes mafiosas. El Mediterráneo se ha convertido en un enorme cementerio, lleno de personas que tienen nombre, a pesar de que apenas sepamos de ellas. Las vallas, alambradas, campos de internamiento y devoluciones forzadas cercenan los derechos a la libre de la circulación de las personas, al menos como los tienen los capitales e inversiones.

Quienes alcanzan su destino se encuentran con muchas trabas para encontrar trabajo y vivienda adecuados. Leyes excluyentes entorpecen sus vidas y faenas de supervivencia. Reclaman sus derechos porque viven  y contribuyen a nuestras sociedades con su presencia, ideas, conocimientos, labores, arte, diversión, cooperación y relaciones. No es gente extranjera, sino personas de las nuestras y paso a paso afrodescendientes. Habrá que cambiar legislaciones, conciencias, actitudes y prácticas individuales y sociales tan próximas al racismo.

África nos interpela desde su dignidad. Aprendamos en común. Compartamos África con sus gentes, en el continente al sur de la otra orilla del mar y aquí al lado.

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