Opinión

La sed extranjera seca África

24 abril 2013

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Por Edurne Navarro (periodista y voluntaria de Medicus Mundi Navarra).

El fenómeno de la apropiación del agua agudiza la alarma ante el auge del acaparamiento de tierra en el continente africano. “Vamos a cavar un pozo en Angola”, “África es arena y sol”, “una persona puede aguantar casi un mes sin comer, pero solo unos cinco días, sin beber”. Polvorientas ideas que salpican el imaginario popular y crean una visión desértica del continente africano. Su trasfondo, a rebosar de explicaciones medioambientales (sin restar importancia al cambio climático), no suele relacionarse con una práctica que, sin ser novedosa, sí permanece semi-oculta en la agenda internacional y de la que, sin embargo, cada vez más organizaciones se hacen eco: el acaparamiento de agua (water grabbing) en África.

Acaparamiento de aguas: “situaciones donde los actores poderosos tiene la capacidad de tomar el control o desviar valiosos recursos de agua y cuencas para sus propios beneficios, privando a las comunidades locales”

Muy ligado también a la apropiación de tierras (land grabbing), otro fenómeno que ha cobrado auge en la última década pero que, como varios autores recuerdan, se remonta a la histórica conquista territorial de Occidente en los países del Sur. Los autores de una investigación encargada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) caracterizaron la apropiación de tierras en base al “gran alcance de las adquisiciones, la participación de los gobiernos extranjeros en estos tratos y el impacto negativo de dichas inversiones sobre la seguridad alimentaria del país receptor”. Así, el “acaparamiento de aguas” es descrito por el Instituto Transnacional (red mundial de investigadores y activistas) como las “situaciones donde los actores poderosos tiene la capacidad de tomar el control o desviar valiosos recursos de agua y cuencas para sus propios beneficios, privando a las comunidades locales».

Fuente de MarachaLos “requisitos” de ambos fenómenos son similares, la adquisición de una determinada extensión de tierra, a partir de las 200 hectáreas, estiman organizaciones como la Coalición Internacional de Acceso a la Tierra; la falta de transparencia, la desinformación de la población afectada, las características del terreno (fértil, con acceso a agua, etc.), la implicación de gobiernos y empresas extranjeras. De hecho, según la ingeniera de Montes y miembro del Comité de Solidaridad con el África Negra de Pamplona Encarni Castillo,detrás de un acaparamiento de tierras, hay un acaparamiento de agua«. Sentencia en la que también insiste la organización internacional de apoyo al campesinado GRAIN en sus estudios al respecto. Más obvio aún en el caso de que el terreno vaya a destinarse al monocultivo de agrocombustibles, ya que estos necesitan una gran cantidad de agua. El Instituto Transnacional desglosa así las “similitudes” entre las apropiaciones de estos dos elementos primigenios: uno suele conllevar el otro, es decir, “el control del terreno viene con el correspondiente control de los recursos acuíferos”, concesiones para el uso del agua, creación de infraestructuras para su reserva y/o aprovechamiento. Los dos fenómenos se practican bajo los principios de “un modelo de uso del agua caracterizado por la explotación, la exclusión y la especulación”, que incluye el monocultivo, la maximización de los beneficios y la concepción del agua como “mercancía”.

Las cifras de las dimensiones actuales del acaparamiento de tierras nadan en la abundancia. El Banco Mundial es una de las entidades más austeras: “Más de 47 millones de hectáreas de tierras se han vendido en todo el mundo, 30 millones del total son terrenos de África”. Global Land Project (un proyecto internacional de investigación de sistemas territoriales) duplica esta última cantidad con una aproximación de “solo en África, 63 millones de hectáreas vendidas a inversos extranjeros”. A nivel mundial, publicó Land Matrix Project, sobrepasaría los 200 millones (66% en África), si bien el informe Tierra y Poder de Intermón Oxfam afirma que “investigaciones preliminares de Land Matrix Partnership indican que desde 2001 han sido vendidas, arrendadas, cedidas bajo permisos o están siendo negociadas 227 millones de hectáreas.

Actores

Antes de pasar a describir a los actores y sus razones, cabe preguntarse, ¿cómo es posible que suceda en tales dimensiones? Hay dos factores fundamentales que se lo facilitan a todos aquellos interesados en este “mercado de futuros”, es decir, las operaciones de compra-venta de materias primas en un futuro, pero con un precio pactado en el presente.

Factores fundamentales son: que el 90% de la tierra no está registrada y responder a la pregunta ¿a quién pertenece la tierra?

Según el redactor de la revista Mundo Negro Rafael Armada (ponente en el seminario Tierra, Recursos y Soberanía Alimentariam organizado por  el consorcio África Imprescindible y la Universidad Pública de Navarra, serían, por una parte, el hecho de que el 90% de la tierra esté sin registrar y, por otra, hacia donde se decline el debate de ¿a quién pertenece la tierra? Los terrenos pueden ser comunales, en ese caso es el jefe local quien actúa como administrador, o ser propiedad del Estado, o puede considerarse que no es de nadie (estar “inutilizado”) o que aparezcan de la nada registros de propiedad en manos de los inversores. Es decir, “la incapacidad o la renuencia de inversores y gobiernos a documentar y registrar cómo se usan las aguas o las tierras antes de que estas sean arrendadas o transferidas”, corrobora un informe del Instituto Transnacional.

Así, cientos de proyectos de cooperación al desarrollo de irrigación que estrujan el terreno africano para aliviar las plantaciones comunales quedan ahogados ante la voracidad de grandes conglomerados empresariales y estatales que rehogan sus beneficios con el futuro de las poblaciones autóctonas. Unos, amparados en su propia seguridad alimentaria. Otros, solo en su enriquecimiento especulativo. Dentro del primer grupo, resuenan China, Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Bahréin, India, Japón, Corea, Libia y Egipto, especialmente, como estandartes de un movimiento de “dislocación de  producción interna de alimentos”; véase, la compra de terrenos baratos en países donde sea fácil negociar una serie de ventajosas condiciones para cultivar e inmediatamente enviar lo cosechado para consumo de su población. Se amparan en la “seguridad alimentaria”, la de su país, claro. También intereses europeos avanzan en este campo, encabezado por Italia, Noruega, Alemania, Dinamarca, Reino Unido y Francia. En el segundo caso, el grupúsculo está más enmarañado, porque entremezcla naturalezas e intenciones (producción de agrocombustible o mera fuente de lucro especulativo): actores de las finanzas o la industria alimentaria; fondos de inversión especializados en agua (Fondo Agrisar, del banco holandés RaboBank y el suizo Bank Sarasin), transnacionales del agua, corporaciones privadas o estados de la Unión Europea que “a través de sus políticas de comercio promueven el acaparamiento y manipulación de los recursos productivos africanos por parte de sus empresas transnacionales”.

Más nombres propios

Detrás de un acaparamiento de tierra, hay un acaparamiento de agua, y detrás, una firma. Los “acaparadores” tienen nombre y apellido, o al menos, representan a una empresa. Apuntaba antes como Europa se había embarcado también en el lucrativo negocio. Por citar algunos ejemplos, la compañía Sun Biofuels (UK) controla 80.000 hectáreas etíopes, 8.000 tanzanas y 5.000 mozambiqueñas; CAMS Group (UK) adquirió 45.000 has. en Tanzania; Central African Mining and Exploration Company (UK) logró 30.000 hectáreas en Mozambique y licencia para extraer agua (necesitaba 407 millones de metros cúbicos); Flora Eco Power (Alemania) invirtió 77 millones de dólares en comprar tierras en Etiopía; las empresas Vivendi y Suez (Francia) controlan en torno al 70 % del mercado mundial de los servicios de agua. Por su parte, la compañía portuguesa Gleinol produce en Angola 13.000 has para biocombustibles y la italiana ENI, con la intención de hacer lo propio en 70.000 has congoleñas. En el apartado de los afectados se aludirá a más empresas implicadas en esta compra venta terrenal.

“Los habitantes acusan los impedimentos en el acceso al agua potable y, a causa de la fumigación aérea frecuente con fertilizantes y pesticidas, ellos y sus animales se están enfermando”.

Si se da un paso más, la organización GRAIN presentó una biografía de una quincena de empresarios que “están financiando grandes acaparamientos de tierras agrícolas alrededor del mundo”, como el propietario de Addax Bioenergy Jean-Claude Gandur (Suiza), quien, según esta información “construyó su fortuna comerciando materias primas y comprando concesiones de petróleo en Nigeria y otros países africanos” y cuya empresa lidera un proyecto de 10.000 has de caña azucarera en Sierra Leona; el gerente general de Foras International Investment Company, el Dr. Hatim Mukhtar (Arabia Saudita); que maneja “un plan para producir 7 millones de toneladas de arroz en 700.000 has de tierra de riego en África”. También destaca el fundador de Karuturi Global Ltd, Sai Ramakrishna Karuturi (India); conocido como “el “Rey de las Rosas” de la India, por su enriquecimiento a base del comercio de rosas previamente cultivadas en el continente africano; o el gerente general de Dominion Farms, Calvin Burgess (EEUU); que ha arrendado 7.000 has durante 25 años para “establecer la finca arrocera más grande de África”, mientras los habitantes acusan los impedimentos al “acceso al agua potable y, a causa de la fumigación aérea frecuente con fertilizantes y pesticidas, ellos y sus animales se están enfermando”. El listado completo se encuentra en el informe “Quiénes están detrás del acaparamiento de tierras”.

Fuente de KisensoLos porcentajes y dimensiones en cada país también ahogan. La campaña “PAREN AQUÍ HAY GENTE«, de Veterinarios sin fronteras, señala como “países más devastados por el acaparamiento de sus tierras” a Etiopía (con 10.000 has para la producción de arroz de una empresa saudí y la entrega gubernamental de 300.000 para “cultivos energéticos”); Mozambique (“inversores han puesto su objetivo en 4,8 millones de hectáreas”); Uganda (“más del 14% de su superficie agrícola actual en negociación”); Sudán y Sudán del Sur (se han entregado 4,9 millones de hectáreas desde 2006, Malí; (se concedieron 100.000 has a la empresa libia Malibya durante 50 años) y la República Democrática del Congo (más de 48% de las tierras agrícolas, también en negociación”). Ghana no se queda atrás: 10.000 has para la empresa García Carrión (España), 120.000 has. para Jatropha Africa (UK), 10.000 has para SacnFuel (Noruega) y 100.000 has para Galten (Israel). En Angola, 30.000 has se destinarán a la producción de caña de azúcar de la empresa Biocom y en Camerún, se arrendó para 60 años una extensión de 58.000 has. a la francesa Socapalm.

“In” seguridad alimentaria e hídrica

No son las únicas consecuencias, pero sí esenciales. La amenaza de estos fenómenos es compartida por organismos internacionales como la FAO, la ONU, o incluso el Banco Mundial; y por movimientos como Vía Campesina, FIAN, GRAIN, FarmLandGrab, Amigos de la Tierra, la Coalición Internacional de Acceso a la Tierra, entre otros ya citados en el texto; y un largo etcétera de ONG (VSF, IO…). Alertas que finalmente empapan discursos y reacciones de instancias oficiales. Sin ir más lejos, el BM, la FAO, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrario y la Conferencia de la ONU sobre el Comercio y el Desarrollo hablan de la implementación de “principios de Inversión Agrícola Responsable” y plantean un modelo “sustentable para el acaparamiento de la tierra«.

Seguridad hídrica: garantizar que los ecosistemas de agua dulce y costeros (…) están protegidos y mejorados (…) que todas las personas tienen acceso a suficiente agua, a un costo asequible”.

Por otra parte, cabe destacar la acción de los movimientos de resistencia campesina y sus logros sobre la ola empresarial que amenaza su “seguridad alimentaria”. Este último concepto, tan repetido por los mismos actores que enumeré al principio de este párrafo, fue definido por la FAO como la situación en la que “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana”. La seguridad alimentaria y la hídrica están indisolublemente unidas, ya que “no podemos lograr una sin la otra”, afirmó en una entrevista a IPS el director ejecutivo en funciones del Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, Per Bertilsson. Realmente, si uno se ajusta a la definición de “seguridad hídrica”, ambas abogan por “desarrollar una vida saludable y productiva”, ya que “significa garantizar que los ecosistemas de agua dulce y costeros, así como los relacionados con estos, están protegidos y mejorados (…) que todas las personas tienen acceso a suficiente agua, a un costo asequible”. Las últimas informaciones publicadas en torno a la celebración de la Semana Mundial del Agua barajan que entre 1.200 y 1.700 millones de  personas que sufren “escasez hídrica”.

Aunque se ha cumplido la meta (7.C) de reducir a la mitad la cantidad de personas sin acceso al agua potable que corresponde al Objetivo 7 (Garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente) de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el mismo informe de 2012 de la ONU sobre el estado de los ODM extrajo como en “25 países de África subsahariana, las mujeres y las niñas son las principales responsables de acarrear el agua para el hogar”. Del total de la población, tres cuartas partes debían hacerlo “desde un sitio más  o menos distante”. Cuando se apuesta por un monocultivo, especialmente en el caso de los agrocombustibles (destinados a la producción energética), no solo se vulnera la seguridad alimentaria, también la soberanía alimentaria, acepción que defiende “el derecho de los pueblos a alimentos sanos y culturalmente adecuados, producidos mediante métodos sostenibles, así como su derecho a definir sus propios sistemas agrícolas”. Y según un estudio de la asociación ecologista Amigos de la Tierra, en el continente africano “el 66% de adquisiciones contrastadas sirve para la producción de biocombustibles”.

Hospital de Maracha

La Vía Campesina es una de las organizaciones más enérgicas a la hora de denunciar las consecuencias de las apropiaciones de tierra y agua, destacando las expulsiones, los desplazamientos de población, la destrucción de la economía local, de su forma de vida e incluso de “las identidades de las comunidades”. La agricultura practicada por las comunidades es, en general, a “pequeña escala”, por lo que sus necesidades suelen quedar aparcadas ante las inversiones extranjeras que ansíen acaparar los terrenos que cultivan, de considerables extensiones y acceso a recursos hídricos si se tienen en cuenta las condiciones de cultivo de los agrocombustibles.

El consecuente hundimiento de la producción local, con la invasión de productos occidentales muy baratos (subvencionados por la UE) y el aumento de los precios de los alimentos, como cierre de este círculo vicioso, suelen traer aparejadas hambrunas e incremento de la desnutrición. En cuanto a las consecuencias medioambientales de estas prácticas, las principales hacen referencia a deforestaciones, pérdida de biodiversidad (por la imposición de monocultivos), desertificación (agotamiento del agua) y contaminación acuífera, debido, por ejemplo a “filtraciones de residuos  tóxicos”. Empresas como Nestlé han sido acusadas de “de extracción ilegal y de destrucción de aguas subterráneas”.

En definitiva, al aunar todos los factores descritos, cabe vaticinar una posible “guerra del aguaextrapolable no a la inaccesibilidad monetaria de este recurso, sino a su radical apropiación.

Algunas definiciones útiles

Acaparamiento de tierras
«El acaparamiento de tierras consiste en la sustracción de tierras rurales por parte de inversores internacionales para darles un uso comercial al mismo tiempo que niegan el acceso a esas tierras a la gente que tradicionalmente las usaba para ganarse la vida» International Land Coalition.

Acaparamiento de agua
“Situaciones en donde los actores poderosos tiene la capacidad de tomar el control o desviar valiosos recursos de agua y cuencas para sus propios beneficiosprivando a las comunidades locales, cuyos medios de vida a menudo dependen de estos recursos y ecosistemas”. Instituto Transnacional.

Seguridad Alimentaria
“Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana. A este respecto, es necesaria una acción concertada a todos los niveles”. FAO (Cumbre Mundial sobre la Alimentación, 1996).

Seguridad hídrica
«Significa garantizar que los ecosistemas de agua dulce y costeros, así como los relacionados con éstos, están protegidos y mejorados; que se promueven el desarrollo sostenible y la estabilidad política; que todas las personas tienen acceso a suficiente agua, a un costo asequible, para desarrollar una vida saludable y productiva; y que las personas vulnerables están protegidas de los riesgos relacionados con el agua” Declaración del Segundo Foro Mundial del Agua.

Soberanía alimentaria
“Es el derecho de los pueblos a decidir e implementar sus propias políticas y estrategias agrarias y alimentarias para la producción y distribución sostenible de alimentos que garanticen una alimentación sana, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de modelos campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuaria, comercialización y gestión de recursos sin discriminación por razones de sexo, edad, etnia o de otro tipo”. Veterinarios Sin Fronteras.

Agrocombustibles
“El término agrocombustible se denomina los combustibles líquidos derivados de los cultivos alimentarios y oleaginosos que se producen en plantaciones a gran escala mediante sistemas de producción industrial. Estos agrocombustibles se mezclan con petróleo y diesel para utilizarse principalmente como combustible de transporte. Los biocombustibles, sin embargo, hacen referencia a los que se producen utilizando la biomasa local a pequeña escala”. Amigos de la Tierra.

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